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ATRAS La Tijera Director Responsable Fernando Campot
Una necesidad Me desperté tranquilo, como cualquier día.........pero, no sé por qué motivo, me empezó a ganar una ansiedad terrible. Tenía como una expectativa, un cosquilleo interior que no podía descifrar. Comí, me fui a trabajar... todo normal. Cuando se acercaba la hora de salir del laburo estaba como loco !!!. “Empujaba” el reloj con la mirada... hasta que ¡¡ al fin !! Salí volando para mi casa... entré como un viento; saludé a mi gente y pasé de largo a cambiarme la ropa. Como sin darme cuenta, me estaba poniendo la “ropa de batalla”: los championes atorrantes, esos vaqueros que no cuido mucho, un buso grueso y la campera de jean de mil noches...esa que se ha ligado más de un tirón y cuyos remiendos, hechos por la patrona mientras rabiaba , no me dejan mentir. Zurcido invisible que le dicen, pero que de tan acumulados se ven “de aro a aro”. Me faltaba algo... no me sentía completo... ¡ hasta que me acordé ! La gorra de lana rayada !!! Y estaba como siempre, desde el ultimo partido hace ya tiempo, durmiendo en su nido: el bolsillo izquierdo de mi campera de jean. “Ahora sí”, me dije... Me despedí con un “no sé a qué hora vuelvo” y arranqué para la sede. Iba como loco. Juntando piedritas en el camino y tirándole “triples” a los tachos de basura. ¡ Hasta me creí mi mentira de que si no fuera “por una lesión” hubiera sido tremendo basquetbolista ! No importa, iba Feliz! Cuando fui llegando a la sede me llamó la atención la tranquilidad que había. Casi ni conversaciones se escuchaban . Cuando entré y dije “buenassss” me dí cuenta que algo no estaba bien. Claro, yo no estaba bien de la cabeza !! ¡¡¡ He extrañado tanto el básquet, que ya me explotan las ganas de ir a ver La acadeee... !!! Probé con el fútbol y, perdónenme muchachos, no me causa la misma fiebre !! Yo soy del tablón, de los codazos... del cardúmen de locos que nos gusta escuchar el eco de nuestros aullidos en algún estadio cerrado; quizás para emborracharnos de ese eco que nos devuelve la noche cada vez que nos enroscamos en nuestro cántico de guerra. Pero bueno, ya estaba en la sede, ¡¡ no me iba a volver ¡! Comencé el ritual de cada noche de básquet: calentar la garganta. “Dame una doble”, dije. Rato después, mientras iba poniendo la gola al rojo vivo, miré a mi alrededor. Todo tranquilo...un tango de esos de la guardia vieja sonaba en la radio despacito, como para no molestar. Un parroquiano que tenía una grapa-miel servida desde que yo llegué, parecía que la adoraba mirándola, pero sin tomarla. De a ratos agarraba la copita con dos dedos y, sin levantarla del mostrador, la giraba delicadamente haciendo circulitos mientras hamacaba un escarbadientes de lado a lado de su boca. En un rincón en penumbras, cuatro veteranos jugaban un truquito casi sin alzar la voz. Digo veteranos porque me imagino que eran veteranos. ¡ Estaban tan llenos de lanas, con gorra y bufandas que apenas le dejaban ver los ojos, que parecían más un grupo de asaltantes de diligencias que cualquier otra cosa ! Y yo ahí...tan desubicado que me saqué la gorra como para rascarme la cabeza y disimulando la devolví a su cuna en mi bolsillo izquierdo. ¡ No me fueran a preguntar qué andaba haciendo así ! Ya que estaba seguí “colando” un rato más... total en casa no me esperaban. Ni sé los partidos que me imaginé... ni las copas que me tomé ! . Lo cierto es que, ya con el alcohol empujando al hincha para que me salga del pecho, me había entrado una melancolía enorme. Ahí me dije: “ ma' sí ... yo me voy a alentar la verde y blanca aunque no haya partido, qué joder ! Me calcé la gorra rayada y con la nariz hecha un semáforo arranqué al tranco firme para el gimnasio. Cerré la puerta dando un portazo que, me imagino, habrá matado a uno o dos truqueros de un infarto. Crucé el patio casi a las disparadas. No por llevar mucho apuro, sino porque cada dos pasos tropezaba uno y me iba haciendo el avioncito como tres metros para adelante. La puerta del gimnasio, del glorioso gimnasio, estaba entreabierta. Adentro, una verdadera boca de lobo. Una oscuridad que hacía más imponente el vacío. Lo crucé y me fui a sentar a una punta de la tribuna. En mi locura ya los veía correr, marcar, saltar...creo que hasta se mandaron alguna volcada! Yo “veía” tremendo partidazo, pero en realidad estaba con los ojos duros, redondos y casi secos por no pestañear para no perderme nada. Y totalmente a lo oscuro. Hasta que en una, emocionado casi hasta las lágrimas, comencé a gritar “la acadeee...!!!” “la acadeee...!” . Retumbaba tanto en la soledad de la noche que me sentía Pavarotti con tremenda acústica. Y yo bastante en curda seguía con “mi partido”. Hasta me inventé un lío y le tiré con el vaso, que me había traído de la cantina, a un boludo que le tiró un codazo a uno de nuestros pibes... “ no te metas con el gurí” le grité, mientras los vidrios sonaban como campanitas en la soledad del gimnasio. De pronto, en medio de esa oscura soledad, siento desde la otra punta de la tribuna una voz que comenzó de menos a más “la acadee...!” “la acadee...”! “la acadeee...!” Me corrió un lagrimón. Un poco de emoción y otro poco porque me empecé a dar cuenta de que estaba demasiado en pedo. Igualmente, comencé a arrimarme a esa voz que escuchaba en la oscuridad... seguía cantando, y cada vez más fuerte!! Cuando casi la alcanzaba, se calló. Me paré, no sabía qué pasaba. En eso la luz de un encendedor me descubrió la cara brillosa en lágrimas del Rulo, que se aprontaba a fumar no sé qué... no sé qué marca de cigarrillo, digo. Nos abrazamos como dos náufragos y llorando me dice: “ hace dos horas que estaba acá a lo oscuro, “mirando” el mismo partido, Petiso !! ¡Cómo los extraño! Y justo me vengo por Mercedes cuando no tenemos campeonato para ver !!” Lo consolé, le dije que sabemos que él y TODOS los demás están siempre en cada cántico, cada festejo y cada gresca. Cantamos un poco más, hicimos levantar algún vecino chusma que no sabía qué pasaba y arrancamos abrazados. Cruzamos la cantina moqueando abrazados y mirando para el piso. Nos íbamos. Me dice el Rulo: ahora tendría que aparecer alguno de los bandidos de siempre,agarrarnos del brazo y decirnos “¿cómo, ya se van?” En eso me manotean del brazo. “Un milagro?” pensé yo , lleno de emoción. Me doy vuelta casi para abrazar a quien sabe qué loco lindo y me choco con el cantinero que muy serio me dice: ¡¡ Petiso, me debés catorce Dunbars y un vaso de vidrio !
“la tijera””cuento que bien podia ser real.-
volvemos en enero 2006 ATRAS |
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