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ATRAS

La Tijera

Director Responsable Fernando Campot


La Leyenda de la Esquina Mágica

 

Es una leyenda. Y, como toda leyenda, tiene partes oscuras, de esas que son imposibles de verificar, pero que no cambian el verdadero rumbo de esta explicación mágica de cómo pasan las cosas.

Dice esta leyenda que una noche hace unos cuantos años, después de haberse tomado todo en la cantina de la sede, un borracho se quedó sentado en el banquito de pórtland de calle Roosevelt. Había estado chupando con el único y bastante repetido motivo de olvidarse de las penas que una nueva derrota le habían causado. No era tan tarde de la noche pero, como era costumbre, no andaba casi nadie en la sede y el cantinero decidió cerrar. Este pobre loco, uno de los poquitos sufridos hinchas que acompañaban a la Academia dondequiera que jugara, se dormitó en el banco . . . solo, mal herido y con la patente de masoquista que significaba tener un gorro de Racing puesto en su nublada cabeza.

Y como todo en sueños es posible, soñó con un club grande desde su gente. Con una camiseta que pesara en la cancha que fuera, en el deporte que fuera y que, además, tuviera siempre el apoyo incondicional de cientos de hinchas que dieran marco a cualquier cancha, haciéndose locatario desde su presencia. Nada que ver con la triste realidad que vivía este muchacho que, además de algunas cuantas vergüenzas deportivas, se había comido varias patoteadas aguantando a la verde y blanca . . . y más de una noche de calabozo por no arrugarle a “los de azul” ante alguna injusticia canchera.

Él dormía su borrachera feliz. Veía un montonazo de locos lindos, gritando, cantando, metiendo pecho por cualquier jugador o hincha del club. Veía esa, su esquina, llena de muchachos que se reunían antes de cada partido, o cualquier día para armar cánticos o tomar mate allí, en su segunda casa. Se imaginó que ya no nos tildarían de jodidos. Que , por el contrario, inspiraríamos cierto temor o, al menos, un muy serio respeto. Veía a la academia salir campeona ¡! Y no sólo eso, se la soñaba campeona en Basketball ¡!! A pesar de vivir siempre entre la desafiliación y algún sacrificio por mantenerse. Y para él era así : “la” soñaba, “la” veía... porque era como su novia; esa que, por bolichero perdió o jamás tuvo, nadie supo nunca. Se le pobló el sueño de unos locos lindos que se vestían,

pintaban la cara de verde y blanco. Todos pibes jóvenes, religiosa y apasionadamente devotos de “ l'acadeeee”.

Mientras en realidad casi ni los vecinos se acercaban a la sede, él vivía en sus sueños que esa pasión por La Academia llegaba a cruzar el océano. ¡¡ Soñaba con racinguistas viviendo en Europa, sufriendo por cada partido y viniendo hasta Mercedes cada vez que podían para acercarse hasta este templo de pasión !! Pobre iluso curda . . . pero estaba plenamente feliz.

Cuando estaba en lo mejor de ese sueño maravilloso, le despertó un zumbido extraño, algo que no supo de dónde provenía. Abrió sus ojos enrojecidos por las emociones (bah, por el alcohol !!) y pudo ver una hermosa y brillante estrella fugaz que venía cayendo directamente a la esquina de la sede. La estrella caía a plomo y el flaco recordó que podía pedirle un deseo. Dudó un poquito al principio, porque eran tantas las cosas que la vida le había negado que no sabía qué pedirle. Pero inmediatamente se dio cuenta qué sería lo que le daría verdadera felicidad y pidió un “imposible”: ¡¡ que mi sueño se haga realidad !! , dijo . . . mientras la estrella fugaz terminaba su último recorrido cayendo en la vereda de la esquina y provocando un ¡¡ clin!! al rebotar contra el caño de las chapas con el nombre de las calles que a tantos mamúas hizo de bastón a la salida del templo.

El loco se fue pensando: “¿una estrella fugaz en la vereda de la academia ?” , “¿y quedó allí en la misma esquina?” , “definitivamente le tengo que aflojar al tinto!!”.

Lo cierto es que, con el tiempo, se convirtió en realidad su deseo. La esquina se volvió mágica, al decir de Serrat es de esos lugares “ donde bajan los dioses sin ser vistos”

La pasión es tal que el sueño del borracho quedó chiquito. El amor a los colores, a la sede, a la barra de vagos y a la mágica esquina supera cualquier sueño de un racinguista de ley.

Y todo por ese regalo del cielo. Por ese milagroso premio a la constancia que los dioses le hicieran algún día a este pobre flaco curtido de sufrir.

Y, quizás contagiada por la luz de ese astro que eligiera ese lugar para morir o vivir para siempre, quien sabe, la esquina cobró un brillo eterno. Y aunque muy lejos se encuentren varios de sus más fieles parroquianos, la cantera de amor a l'acadeee sigue dando gurises que hacen el aguante, vibran , se apasionan y gozan por esta pasión verde y blanca. Esquina elegida. Donde germina cada día esa semilla de fraternidad y amor. Cuna de bandidos bien, de esos que no te dejan a pie. De los que se la juegan, de locos con códigos. De hermanos de pasión.

Creer o reventar. Que las hay las hay, dicen las veteranas.

Y el sueño trasnochado de un borracho curtido a soledad y amarguras , parió una pasión en una noche en que los dioses le concedieron un deseo.

Así fue . . . y así será.

( Ultimo mmento : paralelo a la revisión de la leyenda que forjara la realidad actual de nuestra esquina y nuestro club, he realizado un pormenorizado estudio histórico y social de campo en la zona de influencia de Racing.

De acuerdo a testimonios de importantísima credibilidad, al Chino lo habían echado de la cantina por romper en pedo tres vasos de vidrio seguidos en media hora. Hasta el banquito de pórtland lo acarrearon dos “damas” que habían recalado del Baile de los Negros, cobrándole a cambio el par de championes nuevos que estrenaba esa noche. El zumbido extraño que le despertó era una ambulancia que pasó a mil y que el flaco, con sus reflejos hecho flecos, jamás alcanzo a ver. Y la mágica estrella fugaz no era otra cosa que una cañita voladora que el escribano Rodríguez Britos sacrificó al cielo el día que Ceibal pidió “caca”, a los ocho años, por primera vez.

Pero bueno, que quede entre nosotros. El fin justifica los medios. Más vale una leyenda de amor que una noche de mierda.)

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